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5 satisfacciones que sólo puede darte un vocho

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No importa que hoy en día manejes un flamante BMW de último modelo. Tampoco importa que actualmente hayas abandonado las filas de la Vochomanía para ingresar al selecto grupo Euro y que manejes un implecable Golf GTI de quinta generación con impresionantes rines Rotiform.

Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que un 95 o 98 por ciento de los entusiastas que hoy en día manejan un auto modificado u original, comenzaron sus andanzas en el mundo de las ruedas en un vocho.

Y aunque muchos lo nieguen, hay satisfacciones que sólo nos puede brindar un vocho:

1.- Nos hace ser mecánicos

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Un vocho fue y es, nuestro primer acercamiento al mundo de la mecánica. ¿Cuántos de nosotros no nos llenamos de grasa tratando de reparar tal o cual falla en nuestro bienamado vocho?

Desde la sencilla labor de sustituir una llanta o una calavera, hasta cambiar platinos y condensador, cambiar la junta de la tapa de punterías o incluso realizar un cambio de aceite, el vocho es nuestra escuela móvil de mecánica. Muchos se vuelven expertos, mientras que otros (como un servidor), simplemente fuimos mecánicos temporales.

¿Cómo olvidar nuestra cara de satisfacción luego de terminar esa labor de reparación, mantenimiento o estética en nuestro Escarabajo?

2.- Son nuestra escuela de manejo

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Imagen: Youtube

Somos millones de automovilistas los que tenemos el orgullo de decir: “yo aprendí a manejar en un vocho”. Incluso las generaciones actuales, compuestas por los hijos e hijas de vocheros de hueso colorado pueden presumir de lo mismo, puesto que ellos son los herederos de los autos que han sido la pasión de los papás.

La experiencia es única para los que aprendimos a manejar en un vocho. Desde saber cómo meter la velocidad y soltar poco a poco el clutch, mientras el vehículo cabecea y agarra su paso poco a poco.

¿Y qué tal cuando por fin recorrimos las calles alrededor de la casa, manejando por nuestra cuenta? ¡Orgullo total!

 

 

3.- Nuestro compañero ideal de viajes

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Hoy en día, todos los vocheros saben que no hay compañero más fiel para los viajes cortos o largos que un vocho. Su resistencia y economía son inigualables, lo mismo que la experiencia que brinda recorrer las carreteras “al pasito”, disfrutando el paisaje, sintiendo cómo el aire se filtra a través de la ventana, mientras el ronroneo del motor 1500 o 1600 nos enriquece la travesía.

No importa que hagamos tres horas más de recorrido. Los verdaderos vocheros no cambian un auto último modelo, con motor turbocargado, por el placer que regala el viajar en un vocho.

4.- Es un imán para propios y extraños

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Imagen: The Samba

Otra de las grandes satisfacciones que brinda un vocho. llama igual la atención que un Lamborghini o un Porsche ¡y con cuarenta o cincuenta años menos! Si eres vochero sabes muy bien lo que es viajar por las calles o carreteras y que todas las miradas se vuelquen hacia tu auto.

No lo niegues. Te sientes como pavo real cada vez que alguien voltea y admira tu vocho y te lo demuestra con una sonrisa o bien con un pulgar arriba.

Y si no eres vochero. Tampoco lo niegues, cada vez que ves pasar un vocho clásico o modificado, te llama la atención poderosamente y en el fondo de tu corazón sabes que te encantaría ser el dueño de un vehículo como ese.

 

 

5.- Es un imán para los amigos

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Tú, vochero, militante de algún club y dueño de un Volkswagen, no importando que sea Vocho, Combi, Tipo III, Tipo 34, Safari, Brasilia, Hormiga o lo que sea…¿alguna vez te imaginaste tener tantos y tan buenos amigos?

El vocho se ha convertido en el lazo que une a miles de seres humanos en muchos países alrededor del mundo y uno de los más importantes es, México, desde luego. El vocho es el lenguaje mediante el cual nos comunicamos con nuestros amigos, nuestros camaradas, nuestros compañeros de viaje y con todos aquellos quienes comparten nuestra pasión.

Los años pasarán, nuestros Volkswagen se harán más viejos y más valiosos. Nosotros envejeceremos y seguiremos siendo amigos de aquellas personas, hoy nuestros hermanos, a quienes conocimos gracias a ese inigualable auto llamado: vocho.

Foto de entrada: Patrick Gosling

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